Annie, mil veces te lo repetimos. Y ya no importa si con cada caída reinicias. Le damos un check al viento que pasa suavecito por la avenida. Sólo por esta vez no reniegas de cómo te levanta el vestido a las 6 de la tarde. El viento. Más bien te dice bajito lo mutuo siempre será primero. Y llegas a casa y lo aplicas en silencio, aún más bajito que el viento. Y odias un poco esa palabra. Y te sientes otro poco estupida. Pero luego ya no. Piensas en ella, en él, en ellos. Piensas en los jardines que se perdieron. En las casas grandes que son tus favoritas. Y deseas con todas tus fuerzas amanecer recordándola más a ella y a la ponciana que cuidaba. Y cierras los ojos fuerte, para ayudar mágicamente a los deseos, mientras ves más bien sus manos tus manos quitándole el corazón a cada diente del choclo. Los acomodas alrededor del plato limpio muy limpio y te duermes en su regazo.
Finalmente los gatos sólo son gatos y las nubes no son sino nubes y yo soy, definitivamente, yo. Entonces se es adulto y se puede morir. Ella no era sólo ella, sino los gatos y las nubes y la poesía y los latigazos y las cámaras de gas y las estrellas y su propia muerte. -José B. Adolph
8.10.19
Digamos que un día me puse a escribir sobre ti.
la playa lejana
la arena clara
de donde emergen flores
de donde se hunden mis pies
pero te alcanzo
te tengo a ti entre los brazos
tan pequeño
aún no eres consciente
pero me has devuelto
a la vida, digamos
digamos mejor, a la muerte
al centro
tan sencillamente
melodía eterna en mi cabeza
y te pienso todos los días
y te imagino de vez en cuando
sobre todo cuando ellos dicen no
te prometí Finlandia
y besos
contigo
no
hace
falta
nada
10.9.19
algo hermoso y desesperado
José Adolph me contaba de una banca
donde ella se alisaba la falda
todo se ordenaba
yo me aliso la falda
y ahora nada se ordena
digo ahora
verdaderamente ahora
puedo seguir como ella
tratando algo hermoso y desesperado
evitando algo hermoso y desesperado
buscar el cuaderno mío
donde ya no apunto nada
donde se extrañan las palabras
donde ella hacía viajes largos en moto por Europa
yo los hago en la playa en los viajes infinitos
de risas
de lamentos
de decir aquí ya no estoy
aquí vuelvo
siempre hoy.
[La foto es de una película hermosa: Un verano con Mónica]
[La foto es de una película hermosa: Un verano con Mónica]
19.11.17
Noviembre siempre será un arcoiris más
encontrarla a ella, traerla a casa, cuidarla, darle un espacio en mi cuarto, regarla
en la foto, su amiga,
también los helados de chocolate,
y el baile y la bicicleta estacionaria,
How i met your mother,
y los cigarros y la sopa ramen mientras la veo,
volver a San Marcos a veces,
las películas que se compran allí y el yogurt y la desfachatez,
ahora también la Católica y sus cafés,
el maquillaje a las 8 de la mañana,
y los intentos por no despeinarme,
por no quebrarme,
pero está y hay que aprender,
el año nuevo vendrá con menos piedras en la cabeza,
con menos peso en la mochila,
como bien dijeron ellas.
11.8.16
Contra los fantasmas
Me gusta ir al centro comercial, las luces del centro comercial. Me gusta pararme en el centro del parque y ver la gente pasar. Sentarme en una banquita del parque Kennedy a ver la gente pasar. Me gusta oler a agua florida después de bañarme y que no me importe nada más. Me gusta el olor a mandarina, a pólvora, y a chicle de sandía, pero no mucho el olor a menta. Me gusta mirarme los ojos en el espejo y descubrir algo nuevo. Me gusta mirarme en su espejo y seguir descubriendo. Me gusta el agua correr por mis piernas. Me gusta fumar un cigarro tras otro, pero a veces no me gusta ese mismo olor por las mañanas. Me gusta vivir apasionadamente aunque los problemas aparecen. Me gustan los colores, casi todos los colores. Me gusta andar como perdida y encontrar el rumbo después de unos minutos. Me gusta la playa, en invierno, en verano, cuando sea, donde sea. Me gusta que ella me haya dicho que me tengo que sanar, siempre hay algo por sanar. Me gustan las palabras de la gente sencilla, y decir buenos días, buenos días. Me gusta la nostalgia detrás de las ventanas de los buses grandes. Me gusta volver a reconocerme cada día, y luchar contra los fantasmas, que ya desaparecerán, pero vamos, alguno siempre quedará. Me gusta la rebeldía (no toda) que se torna en felicidad.
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