Annie, mil veces te lo repetimos. Y ya no importa si con cada caída reinicias. Le damos un check al viento que pasa suavecito por la avenida. Sólo por esta vez no reniegas de cómo te levanta el vestido a las 6 de la tarde. El viento. Más bien te dice bajito lo mutuo siempre será primero. Y llegas a casa y lo aplicas en silencio, aún más bajito que el viento. Y odias un poco esa palabra. Y te sientes otro poco estupida. Pero luego ya no. Piensas en ella, en él, en ellos. Piensas en los jardines que se perdieron. En las casas grandes que son tus favoritas. Y deseas con todas tus fuerzas amanecer recordándola más a ella y a la ponciana que cuidaba. Y cierras los ojos fuerte, para ayudar mágicamente a los deseos, mientras ves más bien sus manos tus manos quitándole el corazón a cada diente del choclo. Los acomodas alrededor del plato limpio muy limpio y te duermes en su regazo.
Finalmente los gatos sólo son gatos y las nubes no son sino nubes y yo soy, definitivamente, yo. Entonces se es adulto y se puede morir. Ella no era sólo ella, sino los gatos y las nubes y la poesía y los latigazos y las cámaras de gas y las estrellas y su propia muerte. -José B. Adolph
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7.9.10
Insecto
Distinguirme,
contraerte,
buscar tu sexo y perderlo,
no quererlo.
Oirte arrastrarte como un insecto,
yo no quiero insectos,
quiero muertos, caídos, cubiertos de lava.
Tocarlos, morderlos, dañarme con ellos.
Tus dientes limpios, los sé de memoria,
los cuento, los re-cuento, te amo, te quiero.
Ya no, Vuelvo y tú eres un insecto.
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